miércoles, 18 de septiembre de 2013

obra literaria

Mensaje.

Movido por el aburrimiento, y en menor medida por la curiosidad, el lector siguió el enlace de las redes sociales que lo condujo a este relato. Bastó leer las dos primeras líneas del breve texto para entender de qué se trataba, pero de todas formas no podía anticipar lo que a continuación iba a ocurrir, así que decidió darle la oportunidad y continuó leyendo.
Entonces el autor se dirigió a él directamente:
–Por favor, lee este cuento –escribió con insistencia y algo de angustia–. Por favor llega hasta el final.
De pronto el truco narrativo parecía más bien una estrategia demarketing, y por orgullo decidió que lo mejor sería dejar de leer. Pero el autor insistió:
–¡No es un truco! ¡Tampoco es un juego! Por favor continúa, es por tu bien.
–¿Por mi bien? –pensó el lector– Pero si es imposible que algo escrito en un texto me afecte. No son más que ideas plasmadas en un texto.
–Las ideas pueden ser más poderosas de lo que tú crees –agregó el autor a través de su relato, y el lector se preguntó si le estarían hablando directamente a él en vez de a un lector genérico.
–Ahora necesito que leas atentamente y sigas mis instrucciones. Estás en grave peligro.
–¿Peligro? –se preguntó escéptico el lector.
–Si me crees, por favor hazme caso. Y si no me crees, piensa que no soy más que una creación ficticia ¿Para qué desobedecerme? No importa la razón que escojas, solo importa que no quites la mirada de esta pantalla, sin importar la razón. Y por ningún motivo se te ocurra mirar hacia tus espaldas.
El lector se preocupó de no inquietarse, ignorando la angustia del narrador, pero algo en su interior lo hacía dudar. Prefirió no pensar y continuó leyendo.
–No gires. Por favor, no gires. En este momento se está acercando a ti lentamente. Sus pisadas son inaudibles, pero puedes sentir su respiración. Mejor será ni siquiera describirla, mientras menos curiosidad sientas, menos peligro corres.
–A ella no le importa cuán convencido estés de que esto es real –agregó–. En su mirada y en sus pálidas manos empuñadas se puede ver que su objetivo es uno solo. Está de pie, a tus espaldas. A unos cuantos centímetros, esperando tu primer movimiento. Sonriendo al ver que dudas.
El lector, tentado de girar su cabeza, se preguntó qué debía hacer ahora.
–Simplemente no corras un riesgo innecesario y no despegues la mirada del monitor –agregó el narrador por última vez. Y sin siquiera decirle cuánto tiempo más debería permanecer inmóvil, el  cuento llegó a su fin.

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